Fuente:voltairenet.org
En pocas horas más, en una de las puestas de hinojos más abyectas que registre la historia mundial, el mandatario Alan García Pérez estará en la Casa Blanca firmando el Tratado de Libre Comercio con Gringolandia. Para ese país es un simple acuerdo. Y lo hará ante uno de los idiotas y débiles mentales más talentosos que haya presidido al poderoso vecino del norte, Mr. George Bush. Perú: ¿nuevo Estado libre asociado?
Aquí será un tratado internacional. Para Estados Unidos es apenas un acuerdo sobre el cual ejerce veto, condiciones y capacidad de irrespeto si sus empresas o las que estén bajo su bandera, así lo determinen. Y si hay contencioso jurídico, según el TLC, serán tribunales digitados por transnacionales, las que otorguen el veredicto cuyo pronóstico, desde ya, no es ningún secreto.Como aquí el presidente del Congreso notifica al país, con enorme sentimiento cívico, que su institución no tomará vacaciones (hasta hoy pensábamos que no existía), y como los legiferantes no se dan por enterados; mucho menos la rabanería caviar pro-yanqui y chilenófila tan ocupada del pretexto Fujimori (lo condenan y se acaba el timo pesca-dóláres) o las ONGs o asociaciones de cualquier tipo; tanto como los paquidérmicos partidos políticos, o la Cancillería cuya proverbial ineficiencia y pusilanimidad es de antología, en la cara pelada de todos aquellos, el embajador de Chile, Cristian Barros y a través de la agencia oficial Andina (¿habrá olvidado que lo es?), se despachó ayer un panegírico sobre la bendición que ha sido para su país el TLC con EEUU.
El propagandista Barros hizo una jugada de carambola: al salmodiar el TLC de Chile con Gringolandia, subliminalmente, empujó a la borreguil y acrítica opinión pública peruana para que “comprenda” que el TLC con Chile tiene iguales, mejores y milagrosas virtudes y que por tanto, urge su aprobación, lo antes posible. Si hay que estar a tono con la globalización y su magia multiplicadora de peces y panes, pues, hay que rubricar cuanto venga en forma de TLC. Y mientras que aquí hay 5 mil millones de dólares provenientes de empresas sureñas, en Chile existen unos cuantos restaurantes peruanos. Por lo menos, esta desigualdad es incontestable.
¿Hay necesidad que frente a cada tratado, convenio, sociedad estratégica que haga Perú con Gringolandia, viaje el mandatario García? ¿o cualquiera que ocupe episódicamente el solio presidencial? Hasta donde tengo conocimiento, el asunto es insólito, original, virginal. El cipayismo acaba de dar su vagido y, por supuesto, en forma vergonzosa e imborrable. Felizmente, don Armando Villanueva del Campo dijo, sin que nadie le contradijese, que éste no es un gobierno aprista. Es la administración del señor Alan García Pérez y su corte de adláteres. De modo que habrá que fijarlos en la memoria para recordar los abisales momentos de abyección que están por escenificar en la capital del imperio.
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